"La vida es un fluir de incorrecciones, un directo.
Un fallo, es avanzar hacia delante
Una caída es un instante
De ver que hay que dejar correr el tiempo
Porque si te sientes bien, ¿que más da que sea perfecto?
Aprende a convivir con ello y disfruta el momento
Errar es experimentar, probar en cada intento"
Nada es Perfecto - ZPU
Impulsividad vs cobardía, una metáfora de Marte en Libra.
Aprender a perder es fácil, todos tenemos un cúmulo de fracasos en la puerta. La experiencia dicta que es más lo que se pierde que lo que se consigue, y lo curioso es que permea por igual a los cobardes y a los impulsivos, es como si estuvieran irrevocablemente juntos -aunque opuestos- en esto.
No se sabe quién está en una posición más incómoda: si el que conoce el detalle del trayecto aunque se lance sin paracaídas -destinado a morir, quizás- o el que se quedó en el borde pensando qué había más allá de la niebla -conviviendo a diario con la duda-.
Ambos en retrospectiva defenderán su elección, aunque quieran decirle al otro que se equivocó.
Podrían hacer un baile en el que se entreguen su contradicción y en donde se confiesen los errores y las veces que continuaron el patrón sabiendo que -precisamente- iban a perder por miedo a moderar la estrategia y soltar “el control”.
Lástima, que el miedo o la intensidad les dijo que no sabían bailar lo suficiente, el impulsivo dirá que es mucho ambiente y el cobarde seguro dirá en voz baja que de todas formas esa música no le gusta.
Y van por ahí, intentando controlar obsesiones:
La obsesión de ser rechazados o la de ser elegidos porque: ¿y después qué?
La obsesión de sonar mal o habitar el silencio, como si cualquiera de esas opciones les quitará poder
La obsesión de vivirlo o no porque en ambos universos han creado un némesis
En todo caso, la indecisión y la acción misma habrá de traer consecuencias con las que es mejor aprender a vivir. Porque...
Aprenderán a perder, los que se ríen de las fallas, los que entendieron que ni la quietud ni el movimiento determinan quiénes son. Los que intentan habitar los grises sin rodeos y sin juicios. Los que se ponen ambos trajes dependiendo la guerra a la que vayan porque entienden que cada enemigo es diferente. Hay que ver con tranquilidad que algunos contrincantes inspiran el fuego arrasador y otros el hielo callado.
En algunas batallas serán espectadores atentos y en otras gladiadores que no se cansan, lo importante es saber elegir el cuándo y el con quién, para que “en caso de emergencia” se pierda con un poquito más de dignidad y una pizca menos de vergüenza.